Hay partidos que no se miden únicamente por los puntos en el casillero, sino por la personalidad que deja ver un equipo sobre el terreno de juego. Lo vivido este domingo 13 de septiembre en el Sánchez Cánovas durante la Jornada 2 ante el Mar Menor San Javier CF fue una auténtica prueba de fuego, carácter y ambición colectiva. Un 2-2 trepidante donde la justicia futbolística terminó imponiéndose tras 90 minutos de altísima intensidad.
La primera mitad tuvo un claro color local. El Unión Molinense se adueñó del balón, dominando los tiempos y maniatando a su rival tanto en posesión como en la presión tras pérdida. Las ocasiones llegaron por inercia, destacando una clarísima en las botas de Quique que pudo haber cambiado por completo el guión del encuentro. Sin embargo, faltó esa claridad y templanza en el último tercio para materializar el dominio en el marcador antes del descanso.
El paso por vestuarios transformó el duelo. El Mar Menor San Javier demostró su peligro en las transiciones rápidas y castigó una pérdida en la salida de balón para asestar el primer golpe. Mover el banquillo y volcar el equipo en campo rival dio sus frutos en el minuto 60, cuando Andrés Carrasco demostró su olfato goleador mandando el balón al fondo de la red para poner el 1-1.
La alegría duró poco debido a una desconexión en cadena: dos despejes sin contundencia en el área derivaron en un penalti que volvió a poner por delante a los visitantes. Lejos de bajar los brazos, el equipo volvió a romper el partido en busca de la heroica.
Raza, hambre y un desenlace de infarto
- El gol agónico de Junior (Minuto 89): En una acción a balón parado ejecutada con fe, Junior cazó el esférico para desatar la locura en el Sánchez Cánovas e igualar de nuevo la contienda.
- Ambición pura: La imagen del partido llegó tras el 2-2. En lugar de celebrar el tanto, los jugadores recogieron el balón del fondo de la red y corrieron al centro del campo buscando ganar el partido. Una declaración de intenciones sobre el hambre de este vestuario.
- Sabor agridulce (Minuto 94): La nota amarga la puso el propio Junior al ver la segunda tarjeta amarilla en el descuento, dejando al equipo con diez en los instantes finales.
El reparto de puntos refleja con fidelidad lo visto sobre el verde: un tiempo de dominio para cada bando y dos plantillas que no se guardaron nada. El Unión Molinense demuestra que tiene fútbol, pero, sobre todo, una garra capaz de competir en cualquier escenario.
